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Educación rural toma el centro del debate en SOCHUM Kids

Sep 18
4 min read

Bajo la presidencia de Arango y Echavarría, el comité SOCHUM Kids de COSMUN reunió a representantes de casi veinte países para hablar de un problema que afecta a millones de niños: la dificultad de acceder a una educación de calidad cuando se vive en una zona rural o apartada.

Desde los primeros discursos quedó claro que el reto era enorme. No se trataba solamente de hablar sobre la falta de escuelas. También aparecieron problemas como las largas distancias que deben recorrer los estudiantes, la falta de profesores, el escaso acceso a Internet y las dificultades económicas que llevan a muchos jóvenes a abandonar sus estudios.

Estados Unidos compartió una de las cifras más impactantes de la jornada. Según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU de 2025, actualmente hay 272 millones de niños y jóvenes fuera del sistema educativo. Además, esta cifra ha aumentado un 3% desde 2015.

La delegación también reconoció que dentro de su propio país existen dificultades: el 22% de los hogares rurales no tiene acceso a Internet. Por eso, propuso trabajar en tres aspectos fundamentales: garantizar que todos puedan acceder a la educación, evitar que los estudiantes abandonen la escuela y mejorar la calidad de lo que aprenden.

Cada país fue aportando una realidad diferente, pero todas las intervenciones tenían algo en común: vivir en el campo todavía significa tener menos oportunidades educativas.

Colombia presentó datos del DANE de 2022 que muestran que el 23,7% de los jóvenes rurales no logra acceder al preescolar, la escuela o la universidad. México habló sobre la situación de sus comunidades indígenas, donde apenas el 3% de los estudiantes llega a la educación superior. También señaló que, en estados como Chiapas, Oaxaca y Tabasco, solo tres de cada diez escuelas rurales cuentan con equipos conectados a Internet.

Pakistán compartió un panorama todavía más preocupante. Entre 25 y 26 millones de niños de 5 a 16 años no asisten a la escuela. La diferencia entre el campo y la ciudad es muy grande: mientras que en las zonas urbanas el problema afecta al 25% de los niños, en las áreas rurales alcanza el 41%.

Sin embargo, el comité no se limitó a presentar cifras. También comenzaron a surgir ideas para cambiar esta realidad.

Rusia propuso destinar el 14,3% de su presupuesto nacional a garantizar que ningún niño se quede sin estudiar. Japón explicó que desde hace más de setenta años apoya el transporte escolar, ofrece incentivos a los profesores que trabajan en lugares apartados y promueve las clases a distancia. Aun así, reconoció que la disminución de la población rural ha obligado a cerrar o unir algunas escuelas.

España presentó una idea sencilla, pero cercana: crear un sistema de tutorías en el que los estudiantes mayores acompañen y ayuden a los más pequeños. La propuesta recordó que mejorar la educación no depende únicamente de grandes inversiones, sino también del apoyo entre estudiantes y del compromiso de cada comunidad.

Como era de esperarse, no todo fueron acuerdos. El ambiente se volvió tenso cuando Arabia Saudita cuestionó a Estados Unidos por los episodios de violencia e inseguridad en sus escuelas y le pidió aumentar su inversión en educación. Estados Unidos respondió que ese tema se salía del objetivo principal del comité.

Nigeria también habló sobre la manera en que la violencia puede alejar a los niños y a sus familias de las aulas. España y Brasil pidieron analizar con mayor profundidad la relación entre la inseguridad, el desplazamiento y el abandono escolar.

La discusión continuó cuando Pakistán respaldó algunos de los cuestionamientos de Arabia Saudita y recordó que Estados Unidos también tiene niños fuera del sistema educativo. Estados Unidos respondió hablando del analfabetismo mundial y señaló que las mujeres representan el 63% de los 754 millones de adultos que no saben leer ni escribir.

Por algunos minutos, el objetivo del debate pareció perderse entre señalamientos y respuestas. La mesa directiva tuvo que intervenir para recuperar el orden y recordarles a las delegaciones por qué estaban allí: no para buscar culpables, sino para encontrar soluciones.

Después de este momento de tensión, Nigeria presentó una de las propuestas más interesantes de la jornada. Junto con México y Brasil, planteó crear una alianza para construir escuelas rurales en las comunidades que más las necesitan.

La idea consiste en que cada país aporte desde su experiencia. Nigeria ofrecería los terrenos, México se encargaría del diseño arquitectónico y Brasil desarrollaría soluciones de ingeniería adecuadas para el clima tropical. La banca internacional ayudaría a financiar el proyecto a largo plazo.

Pero quizás lo más valioso de la propuesta es que busca involucrar directamente a las comunidades. Al menos el 75% de las personas contratadas para construir y poner en funcionamiento las escuelas serían habitantes de la zona. Así, el proyecto no solo llevaría educación, sino que también generaría empleo y permitiría que las comunidades sintieran las escuelas como propias.

Al terminar los discursos iniciales, la mesa abrió un espacio informal antes del receso. Las delegaciones comenzaron entonces a conversar, buscar aliados y acercar sus propuestas.

Ahora viene la parte más importante: convertir todas estas ideas en acuerdos posibles. Porque detrás de cada cifra mencionada durante el debate hay un niño que quiere aprender, una familia que espera un futuro mejor y una comunidad que no debería seguir siendo olvidada.


 
 
 

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